viernes, 13 de julio de 2012

Top 5 - Sandwicheras para frikis

Queridos hamijos: No estaba muerto, que estaba de parranda.


     Dicho esto y sin entrar en más detalles, hoy he venido a gritarle al mundo lo acojonado que me tiene con sus sandwicheras frikis. Todo fenómeno de masas lleva asociado (al menos desde la primera trilogía de Star Wars) una retahíla de objetos "only for fans" con motivos que aluden al fenómeno que los promociona y comercializa. Es lo que los ingleses conocen bajo el término merchandise, los pijos bajo la expresión oh, qué cuqui y lo que la gente normal llama mariconadillas para frikis. [gente normal = ni sajones ni pijos]

     Y os dejará todos picuet saber que las mariconadillas para frikis tienen su propia categoría dentro del apasionante y al mismo tiempo perturbador mundo del sandwich, aportándole no sólo diversión a nuestras meriendas si no gritones de eypos a las arcas del registered trademark de turno.

    Como sabéis soy imbécil curioso hasta decir basta, y no he podido evitar sumergirme en el mundo del emparedado machine y he elaborado tras una incansable pesquisa una recopilación de las mejores sandwicheras para frikis all over the world, que voy a ir desgranando justo después de poner una foto totalmente irrelevante.

It's a mad-zorca


Top 5 
(que al final son 6) 
Sandwicheras para frikis

     5.-  Invader Toaster


Me invader la emoción

     La Space Invaders Toaster (Invader toaster para los amigos) es una auténtica maravilla de la tecnología bocatil. No sólo innova a la hora de traspasar el logo de la marca en forma de tueste al pan (cosa común en todas o casi todas las sandwicheras frikis, como iremos viendo) si no que también lleva el fanatismo al diseño mismo del aparato hacedor de merendolas, dándole en este caso un look de auténtico space invader de 8 bits de color verde. El público objetivo al que iría dirigida la sandwichera en cuestión podría ser perfectamente mi padre, teniendo en cuenta que el Space Invaders es un videojuego de finales de los 70. Pero mi padre no conoció los videojuegos, así que él todavía está esperando que alguien comercialice una sandwichera con la cara de Plácido Domingo. Mientras espera, sus meriendas son tristes: Un drama.

     4.- La sandwichera del Atlético de Madrid


El slogan oficial era: ¡Al fin nos comeremos algo!

     Todos conocemos -si no de primera mano al menos sí de oídas- al típico fanático del fútbol que se acuesta de mala hostia y sin cenar cada vez que pierde su equipo. Para evitar que miles de atléticos mueran de hambre, Marca tuvo a bien comercializar esta estupenda sandwichera con el escudo del club colchonero. Desde entonces han ganado dos copas de la Europa League y ahí la tienen, muerta de asco en un cajón.

     3.- (1) La sandwichera de Hello Kitty


Ahora entendéis lo del oh, qué cuqui!

     En el mundo de las mariconadillas para frikis, la empresa japonesa Hello Kitty es de las que mejor se lo ha montado desde siempre, partiendo de la base de que Hello Kitty no es un personaje de un videojuego, ni de unos dibujos animados, ni de un comic, ni de una película de Mario Casas, ni nada. 
Bueno, sí, ha sido todo eso, pero sólo a raíz del éxito de la marca. Hello Kitty es algo así como una mierda infame marca para pijos y pijas que nació siendo una marca y morirá (algún día, si Dior quiere) siendo una marca. Es producto de marketing puro y duro; Hello Kitty se ideó sólo para vender bolsos, cinturones, diademas, gafas, paraguas, condones o sandwicheras con el motivo de la marca, y ya a raíz de eso pues han estirado el hilo y se han hecho películas, series de animación y tonterías varias. Llega a ser tan lamentable la cosa, que si os fijáis en la foto veréis que 2 de cada 4 porciones de sandwich que salen de esa máquina infernal plagian el logo de Mimosín, en lugar de la puta cara de Hello Kitty.


     3.- (2) La sandwichera de Hannah Montana


Hoy día Hannah está para emparedarla, también.

     Compartiendo puesto con Hello Kitty y teniendo en cuenta que su público objetivo es bastante similar, la sandwichera de Hannah Montana merece mención en el top 5. Y la merece porque a pesar de que Hannah Montana sea ya un producto caduco que ha dejado paso a la pedazo de guarrilla artista -esto es, Miley Cyrus- que ha crecido de interpretar ese personaje de Disney, lo cierto es que su máquina hacedora de "bikinis" sí supo introducir novedades en el mundillo. Dejando a un lado la mierda esa de grabado de Pop Star y la guitarrita y las corcheas (probablemente el grabado menos cool del mundillo de las sandwicheras a este lado del Támesis) la verdad es que el detalle de intercambiar los moldes de Hannah Montana con unas útiles parrillas es del todo acertado. No sólo convierte así una simple sandwichera en un robot multifunción, sino que además evidencia algo sobre Hannah Montana que a éstas alturas ya todos sabemos:  Lo que le gusta un buen chorizo parrillero!


     2.- La sandwichera de Winnie de Pooh



Aprende a hacer tus sandwiches como un auténtico hijo de pooh!

     Si os fijáis las fotos no se corresponden. Ésto es porque hay varios modelos de sandwichera de Winnie de Pooh, ya que ésta es una franquicia que ha apostado desde siempre por el mundo del sandwich friki. Ésta línea es de relleno, ya que el único motivo por el que ésta sandwichera está en el top 5 es que yo pudiese meter la gracieta del pie de foto. Tenía una alternativa con otra sandwichera de la misma serie en la que iba a poner "tú lo que quieres que me coma el Tiger". Salía el tigre, claro.


     1.- Sandwichera Nürburgring


¡Si la tiras a la bañera se producirá un largo-circuito!

     Y cuando piensas que se han hecho sandwicheras de todo... llega un German con visión de negocio y te hace una sandwichera de un circuito de automovilismo. Pero no de un circuito cualquiera (claro que no) sino de Nürburgring, el circuito más "de culto" de todo el mundo (si es que pueden existir circuitos de culto), ese que todo apasionado del motor tiene que visitar antes de morir. Bajo un diseño tosco de sandwichera clásica, dos leds que recuerdan a un semáforo (rojo y verde) nos avisan de cuándo podemos pisar el acelerador, pasar de 0 a 100 en apenas un lapso de tiempo, comernos nuestro puto sandwich y seguir soñando con que somos alguien dentro del mundo de las cuatro (o las dos) ruedas. Si a María de Villota le funcionó...

lunes, 12 de marzo de 2012

Por palabras

"Con mis lupas y mi Edding, arreglao pero informal"


Viuda de casado busca borrego de Dios. A poder ser escudero mañoso, guerrero bravo, con negro ferrari y castillo holgado. Se valorará tocino prieto; abstenerse camareros del campo. 923456789


¿Quieres volver a tener piernas de colegiala, cutis de colegiala y pechos de colegiala? Ampliamos el plazo de matrícula: Colegio Nuestra Señora de los Milagros. 923223344


Y ahora, los tambores.

*Viuda de casado, Borrego de Dios, Escudero Mañoso, Guerrero Bravo, Negro Ferrari, Castillo Holgado, Tocino Prieto y Camarero del Campo son apellidos reales, tomados de las páginas blancas de Salamanca por Raúl Vacas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Mis epitafios

epitafio.
(Del lat. epitaphĭus, y este del gr. ἐπιτάφιος, sepulcral).
1. m. Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento.



Epi ha muerto

El otro día me puse a pensar qué me gustaría que pusiese en una hipotética tumba que en realidad nunca tendré, porque cuando muera quiero que mis cenizas sean esparcidas sobre el aura anaranjada de Jordi Hurtado, con Rody Aragón en el papel de madrina. Esa es la última voluntad que ha de ser cumplida una vez la palme para que mi alma no vague irreductible por los pasillos de los platós de Telecinco, por los tiempos de los tiempos amén. En vuestras manos queda.



Is a biach!


No obstante, y como digo, el otro día le estuve dando vueltas a eso de los epitafios, y saqué varios que me convencían y representaban según mi criterio, genial y humilde a partes iguales.
Hélos aquí:

Este no lo tenía muy claro...


Una gran verdad, siempre me ocurre lo


No tener nada que ofrecer a las visitas es algo que hace mucho feo


Que luego a lo mejor igual tardo quince...


Esta es mi preferida. Esa lápida que te mira por encima del hombro... con lo que jode eso de un muerto

Podéis hacer los vuestros o coger los míos y metéroslos por el culo. Lo que no podéis es copiarlos sin citar al autor único y omnipotente porque "El Doctor Divago publica sus mierdas bajo licencia Creative Commons", así que ya sabéis: Poneos a crear los vuestros propios o moríos en silencio, sin que nadie sepa cuáles querríais que fuesen vuestras últimas palabras, vuestra despedida del mundo terrenal y corpóreo. Que luego siempre podéis enviar un correo a cuartomilenio@cuatro.com y hablarlo con Iker, pero eso ya no es lo mismo, porque no se lo cree nadie.

Tocad madera, y a morirse por la sombra!

martes, 13 de diciembre de 2011

¿Influenciable? ¿Yo?

En 1957, James Vicary, publicitario estadounidense, desarrolló el taquistoscopio, máquina que servía para proyectar en una pantalla mensajes invisibles que podrían ser captados por el subconsciente. La proyección de una misma película en dos salas distintas fue la excusa perfecta para ponerla a prueba. En una de ellas se proyectaba la película original, inalterada. Por contra, en la segunda sala la película había sido manipulada de tal modo que, durante el transcurso de la proyección, se mostraban fotogramas con el siguiente mensaje: "¿Tienes hambre?, come palomitas. ¿Tienes sed?, bebe coca-cola."  El resultado fue asombroso: las ventas se dispararon. Su teoría fue recogida por el escritor Vance Packard en el libro "Las formas ocultas de la propaganda", que provocó intranquilidad en las autoridades estadounidenses, en plena Guerra Fría con la entonces Unión Soviética. Una ley prohibió el uso de publicidad subliminal y la CIA comenzó a estudiar su utilización contra el enemigo. Y de esto hace ya más de cincuenta años...



Aceptar y asimilar el modo en el que cine, radio, televisión, prensa escrita y publicidad -en estos mismos y otros medios- nos influyen en nuestro día a día no es tarea fácil. No es digestión ligera asumir que nuestros hábitos están "teledirigidos" desde arriba, que uno solo es libre hasta cierto punto; que quizá no haya sido enteramente idea nuestra aquello de irnos a esquiar a Baqueira-Beret. No, no es fácil. Y no gusta. Quizá también por eso se pase de puntillas sobre el tema de la publicidad subliminal, como con escepticismo.

Hace muchos, muchos años, un emperador anónimo escuchó a dos charlatanes mascullar que podían fabricar la más suave y lujosa tela de todo el reino. Esta prenda, añadían, poseía una especial característica: la de mostrarse invisible a ojos de cualquier estúpido o incapaz para su cargo. El emperador, narcisista como cualquier mandatario, no dudó en exigir a éstos la elaboración de un traje a medida que deslumbrase en el desfile anual. Quería que el pueblo admirase su grandeza, elegancia y distinción. Por supuesto, no existió jamás prenda alguna, sino que los pícaros hacían ver que trabajaban en la ropa mientras pedían -y malgastaban- el desorbitado presupuesto destinado a tan singular encargo. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando que llegara el día del desfile.

Y llegó el día. Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, el amor propio hizo que ninguno de los dos admitiera su incapacidad para ver la prenda, y comenzaron a alabarla. Los rufianes hicieron ademán de ayudarle a ponerse la inexistente prenda, y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño exclamó: "¡Pero si va desnudo!" El cuchicheo de tal revelación corrió como la pólvora ente el gentío, hasta que toda la multitud gritó, convencida, que el emperador iba desnudo.



Y sí, claro... éste esbozado cuento de Hans Christian Andersen no es más que pura chanza, invención pura y dura. Pero es lo que tienen éstos cuentos: que, en el fondo, encierran siempre una sabia enseñanza; una para la que tan solo hay que entornar los ojos y leer entre líneas. ¿Hasta qué punto estás tú queriendo leer esto que te escribo? ¿Seguro que no vestimos todos y cada uno de nosotros jirones del mismo material que conformó el esplendoroso traje nuevo del emperador?

            ¡Y qué ganas tengo de una Coca-Cola fresquita, oye...!